Salmo 100

TÍTULO. Salmo de alabanza, o más bien de acción de gracias. Este es el único salmo que tiene justo este encabezamiento. Resplandece todo con adoración agradecida, y por esa razón ha sido un gran favorito del pueblo de Dios desde que fue escrito… En este poema divino cantamos con alegría el poder creador y la bondad del Señor, así como antes adoramos temblorosamente su santidad.

Versículo 1. Cantad alegres a Dios, habitantes de toda la tierra. Esta es una repetición del Salmo 98:4. La palabra original significa un grito de alegría, como el que los súbditos leales expresan cuando el rey aparece entre ellos. Nuestro Dios feliz debe ser adorado por un pueblo feliz; un espíritu alegre coincide con su naturaleza, sus actos y la gratitud que debemos sentir por sus misericordias. Vemos la bondad de Jehová en todas las naciones de la tierra, por lo tanto, debiera ser alabado en todas las naciones de la tierra. Toda la tierra logrará su condición correcta cuando todas las naciones a una eleven sus alabanzas a él. Ay naciones, ¿hasta cuando lo rechazarán ciegamente? ¡Su edad de oro nunca llegará hasta que lo adoren con todo su corazón!

Versículo 2. Servid a Jehová con alegría. “Rendid gustoso homenaje con gran alegría". Él es nuestro Señor, y por lo tanto debemos servirle. Es un Señor de gracia, por lo tanto debemos servirle con alegría. Esta invitación a adorar que aquí tenemos no es una de melancolía, como si la adoración fuera con la solemnidad de un funeral, sino una exclamación dichosa y alegre, como si nos invitaran a una fiesta de boda. Venid ante su presencia con regocijo. Al adorarlo debemos percibir la presencia de Dios, y por un esfuerzo de la mente, acercarnos a él. Este es un acto que para cada corazón instruido correctamente debe ser de gran solemnidad, pero a la vez no debe realizarse con el servilismo del temor, y por lo tanto, venimos ante él, no con llantos y lamentos, sino con salmos e himnos. El canto como un ejercicio alegre y a la vez devoto, debe ser una forma constante de acercarnos a Dios. Las expresiones sentidas de alabanza, medidas y armoniosas de una congregación de personas realmente consagradas, no son meramente apropiadas sino agradables, y son una anticipación oportuna de la adoración en el cielo, donde la alabanza ha absorbido a la oración y llegado a ser la única expresión de adoración. Cómo ciertas sociedades de hermanos pueden prohibir el canto en el culto público es un misterio que no podemos resolver.

Versículo 3. Reconoced que Jehová es Dios. Nuestra adoración tiene que ser inteligente. Tenemos que saber a quién adoramos y por qué. “Hombre, conócete a ti mismo” es un aforismo sabio, pero conocer a nuestro Dios es una sabiduría más acertada. Y es muy cuestionable que el hombre pueda conocerse a sí mismo antes de conocer a su Dios. Jehová es Dios en el sentido más pleno, más absoluto y más exclusivo; es únicamente Dios. Conocerlo en ese sentido y dar prueba de nuestro conocimiento por medio de nuestra obediencia, fe, sumisión, consagración y amor es un logro que sólo la gracia puede obtener. Sólo los que reconocen en la práctica su divinidad pueden ofrecer una alabanza aceptable. Él nos hizo, y no nosotros a nosotros mismos. ¿No adorará la criatura a su creador? Algunos viven como si se hubieran creado a sí mismos. Dicen haberse hecho por sus propios esfuerzos y adoran a su supuesto creador; en cambio los cristianos reconocen el origen de su ser y bienestar, y no se adjudican ninguna honra ni por el hecho de ser o por ser lo que son. Ni en nuestra primera o segunda creación nos atrevemos a hacer nuestra la gloria, porque ésta es el derecho y la propiedad exclusivos del Todopoderoso. Negar toda honra para nosotros mismos es una parte tan necesaria de la verdadera reverencia como lo es adjudicar la gloria al Señor. Últimamente la filosofía ha trabajado intensamente para probar que todas las cosas se han desarrollado de los átomos, o en otras palabras, se han hecho a sí mismas: esta teoría siempre encontrará creyentes, por cierto que no quedará razón alguna para acusar a los supersticiosos de credulidad. Por nuestra parte, encontramos mucho más fácil creer que el Señor nos hizo, que creer que nos desarrollamos por una larga cadena de selecciones naturales de átomos flotantes que se formaron a sí mismos. Pueblo suyo somos, y ovejas de su prado. Tenemos el honor de haber sido escogidos de todo el mundo para ser su pueblo, y por lo tanto tenemos el privilegio de ser guiados por su sabiduría, cuidados por él y alimentados de su abundancia. Las ovejas se juntan alrededor de su pastor y confían en él. De la misma manera, juntémonos alrededor del gran Pastor de la humanidad. El reconocimiento de nuestra relación con Dios es en sí alabanza. Cuando recordamos sus bondades le estamos rindiendo la mejor adoración. Nuestros cantos no requieren inventos de la fantasía, la realidad lisa y llana basta; la narración sencilla de las misericordias del Señor es más sorprendente que los productos de la imaginación. Que somos ovejas de su prado es la pura verdad, y a la vez la esencia misma de la poesía.

Versículo 4. Entrad por sus puertas con acción de gracias. La aparición de las palabras acción de gracias probablemente motivó su título. Dar gracias debe abundar en toda nuestra adoración pública; es como el incienso del templo, que lo llenaba todo de humo. Los sacrificios expiatorios han acabado, pero los de gratitud nunca dejarán de ser oportunos. En tanto que recibimos misericordia tenemos que dar gracias. La misericordia nos deja entrar por sus puertas; alabemos esa misericordia. ¿Qué mejor tema para nuestros pensamientos cuando estamos en la casa de Dios que el Señor de la casa? Y entremos en sus atrios con alabanza. Sea cual fuere el atrio de Dios al que entremos, hagamos que el boleto de entrada sea la alabanza: gracias sean dadas a Dios que el lugar santísimo es ahora accesible a los creyentes, y entramos hacia lo que está dentro del velo. Nos corresponde reconocer el gran privilegio con nuestros cantos. Seamos agradecidos con él. Hagamos que la alabanza esté en nuestro corazón al igual que en nuestra boca, y todo sea para él a quien todo pertenece. Y bendigamos su nombre. Él nos bendijo a nosotros, devolvamos la bendición: bendigamos su nombre, su carácter y su persona. Sea lo que fuera que hace, estemos seguros de bendecirlo por ello. Bendigámoslo cuando quita al igual que cuando da; bendigámoslo toda la vida, bajo toda circunstancia; bendigámoslo por todos sus atributos, sea cual fuere el punto de vista desde el cual los consideramos.

Versículo 5. Porque Jehová es bueno. Esto resume su carácter y contiene muchas razones para alabarlo. Es bueno, bondadoso, amable, generoso, cariñoso; sí, Dios es amor. El que no alaba lo bueno no es bueno él mismo. El tipo de alabanza inculcado en el salmo, es decir, el gozo y alegría que nos insta a expresar es sobre la base del argumento de la bondad de Dios. Para siempre es su misericordia. Dios no es meramente justo, severo y frío. Es compasivo y no quiere la muerte del pecador. Muestra hacia su propio pueblo aún más conspicuamente su misericordia. Ha sido de ellos desde toda eternidad, y será de ellos para siempre. La misericordia eterna es un tema glorioso para un canto sagrado. Para siempre es su misericordia. No es él un ser inconstante que promete y se olvida. Ha hecho un pacto con su pueblo y nunca lo revocará, ni alterará lo que ha salido de su boca. Así como nuestros antepasados lo encontraron fiel, lo encontrarán también nuestros hijos y los descendientes de ellos para siempre. Un Dios voluble sería un terror para los justos, no tendrían un ancla segura, y en medio de un mundo cambiante serían llevados de un lado para otro con un temor perpetuo de naufragar. Sería bueno que la verdad de la fidelidad divina fuera recordada más ampliamente por algunos teólogos. Daría por tierra con su creencia de la caída final del creyente, y les enseñaría un sistema más consolador. Nuestro corazón rebosa de alegría al inclinarnos delante de Aquel que nunca ha faltado a su palabra o cambiado su propósito. Descansando en su palabra segura, sentimos el gozo que aquí manda, y en su fuerza llegamos ante su presencia aun ahora y hablamos bien de su nombre.